[el blog de como cuando uno suele por tendencia tratar de evitar caerse cuando como por error se tropieza con un borde de esos pequeños y escondidos y uno intenta sortear entonces la caída que le sigue y cuando sabe que no puede esquivar el golpe del piso le toca como girar para caer sobre el brazo protegiendo el pecho o con los brazos primero como queriendo ser fuertes pero el dolor igual se siente y ya cuando uno deja de pensar en cómo recibir el totazo es que se está o sobando o queriendo levantar]

29.10.14

sin título (abecedario) [texto rescatado]

antes bebía cúmulos dentados, encerrado frenéticamente, garganta hinchada, incluso joven.
kurdos lastimeros mordían naranjas ovaladas, pedazos quizás rozando sin tiempo una vedada walkiria.
xilemas yaciendo, zumbando.


* cuaderno de clase, última página, 2011.

22.10.14

Kavafis me conoce.

(foto extraída de aquí)



surcando las olas de una nostalgia trasnochada (por tardía, fétida y maldormida), caigo con toda voluntad en poemas que parecen atravesar el tiempo para describir mi propia ruina.
en esta ocasión, la antología de un griego.

DÍAS DE 1903 (*)
Nunca lo tendré de nuevo -todo aquello que tan pronto perdí...
los poéticos ojos... el pálido
rostro... en la penumbra de la calle....
Nunca tendré de nuevo -lo que la muerte me ofreció,
lo que tan fácilmente abandoné;
y que más tarde tanto desearía hasta sufrir.
Los poéticos ojos, el pálido rostro,
nunca hallaré de nuevo aquellos labios.


leyendo otras versiones halladas en internet, sobre todo una inglesa, reinterpreto la cosa:

DAYS OF 1903 (**)
I never found them again—all lost so quickly...
the poetic eyes, the pale face...
in the darkening street...
I never found them again—mine entirely by chance,
and so easily given up,
then longed for so painfully.
The poetic eyes, the pale face,
those lips—I never found them again.

como puede observarse, la variación del tiempo conjugado, ya no en futuro simple sino en un pasado simple, arroja aún más depresión a las palabras. y cómo el traductor español hizo una jugada maestra e hipertrágica cambiando "suerte" o "casualidad", por "muerte", tremendo ruido.

y como la ñoñez y el esnobismo me ganan, entendidos como la frustración de no haber podido continuar el curso de griego antiguo en la universidad por una tesis atravesada y el tiempo jugándome en contra, busqué un texto original con el cual practicar fonética (y sin entender mucho, para distraerme de esta tristeza pasajera).

Μέρες του 1903
Δεν τα ηύρα πια ξανά - τα τόσο γρήγορα χαμένα ....
τα ποιητικά τα μάτια, το χλωμό
το πρόσωπο .... στο νύχτωμα του δρόμου ....
Δεν τα ηύρα πια - τ' αποκρηθέντα κατά τύχην όλως,
που έτσι έυκολα παραίτησα;
και που κατόνι με αγωνίαν ήθελα.
Τα ποιητικά τα μάτια, το χλωμό το πρόσωπο,
τα χείλη εκείνα δεν τα ηύρα πια.


* Publicado en la antología "56 poemas", Traducción de José María Álvarez, Ed. Mondadori, Madrid, 1998)
** Publicado en "Collected Poems". Traducción por Edmund Keeley y Philip Sherrard. Editado por George Savidis. Princeton University Press, 1992)

15.5.14

un 23 que vuelve. [correspondencia.]

14 de may '14.
una notificación nueva en el correo del flickr. parece ser una respuesta a un mensaje mío, enviado a alguien cuyo nombre leo y leo sin lograr asociarlo a nada.


De:

  Esa, Paulina      Paulina Escobar    

Asunto:

Re: noche del 23.

Waa. Yo no había visto esto!
Que bonito!
Mil gracias!

Me sacaste una sonrisa a destiempo!





la cálida reacción al retraso. un retraso accidental, con la ceniza propia del destiempo. ¿qué fue lo que viste, Paulina? ¿qué es eso que agradeces, a qué noche contestas con la sonrisa entre los dedos?

basta recorrer el buzón de los escupidos, los enviados. entre otros intentos insomnes por llamar la atención, encuentro la tal noche de un tal 23. es la trampa nocturna de la memoria, de esas misivas que me arranco una noche cualquiera en un silencio cualquiera y por una súbita nostalgia hacia los nombres desconocidos. nostalgia que, a raíz de una simple imagen, me llevó al puerto de la verborrea.


23 de dic '13, 8:43 PDT


Para:

  Esa, Paulina      Paulina Escobar    

Asunto:

noche del 23.

de esas noches raras
de eternos saltos
en el eterno mar de la web,
donde nada me incita a mirar,
a quedarme mirando,
a escuchar sin que suene una voz
o un silbido circular.

de esas noches donde me conecto con poco
y poco quiero conectarme con algo,
y muevo y muevo mis dedos
como esperando morir
frente a la cuadrada
vitrina.

llegué a tu galería y sentí un tierno
casi impredecible impulso
de quedarme.
y quise llorar
porque en esta rara
confusa
e inhabitual
noche de desvaríos
suspiré al ver
una mujer arropada de montañas.

...

nada por pedir y poco por ofrecer.

un saludo desde la cueva.
ie.






reconozco esa manera de escribir, las minúsculas, lo repetitivo, las comas comidas, las pausas por azar, los tropiezos, lo repetitivo. reconozco esa carta que armé una de tantas noches raras que consiento vivir con frecuencia, olvidándola pronto como a una mala amante sin la ternura que me causa ese fracaso de amar. reconozco ese impulso, ese falso tono ingenuo, esa engorrosa seducción que se aparece cuando sólo pretendo darme a conocer. reconozco a ese tipo extraño que le escribe a las desconocidas de internet, esperando una respuesta que pronto, prontísimo, olvida estar esperando. y llega un día, cualquiera, impensado, donde contestan con la sonrisa entre los dedos, y, quién sabe, el corazón todavía vivo. 

me arden los ojos.


...

[no habrá más escritura entre ellos. no de ese tipo.]

[quiere dormir,
y arroparse con cal.]

***

"Durmiente/espectante", por Paulina Escobar
Acrílico sobre papel más Intaglio (35x50cm)
https://www.flickr.com/photos/paulina-esa/7345350566/
reproducida sin pedir permiso a la autora.

22.1.14

climatología.

he desarrollado en los últimos días una extraña rareza en mi ojo izquierdo [no logro recordar si el otro hereda el mismo destino]: una suerte de neblina, una cortina de velo, un desenfoque seguido de una sobrehumectación bajo el párpado.

amanezco con las lagañas más caóticas que haya visto, bordeando ambos párpados con la huella seca de una lágrima en medio del sueño. despierto con la cabeza pendiente del deber inmediato, seco por dentro e indiferente ante el hábito de comer.

creo que hace mucho no sentía la inercia colmándome en una época en que, aunque ocupado, las cosas simplemente se dejen suceder. conozco día a día y cada vez más mis delirios y manías, mis manipulaciones constantes con la realidad donde soy estricto pero sonrío complaciente para no parecer tan duro como soy por dentro. y sí, tengo el miedo de mostrarme ante el afuera como la oscuridad plena que siento florecer en los días de más barro. pero siempre hay sol, siempre y en algún lado, sorprendiendo cuando se deja ver.

es esta niebla en mis ojos lo que me pone a cavilar... niebla que, aunque fácil de asociar, aparece cuando menos espero y cuando más calor necesito.
[la sola angustia de una ceguera temprana fue suficiente complejidad para estos cinco minutos de grima nocturna.]




4.10.13

Camino al mar [poema]

si pudiera rezaría en el mar,
le rezaría al mar.
si pudiera navegaría en un barco de plegarias
hasta encontrar entre la espuma la sinrazón de mis naufragios.
si pudiera moriría en el mar, ahogándome en su calma,
no nadando nunca, no flotando nunca,
viendo el sol sin el aire
y esperando
que el agua me lleve.


Camino al mar - Protesta Silenciosa
vía Flickr

27.7.13

la vela también alumbra. [foto-reflexión nocturna.]

ver bailar un fuego minúsculo en medio de la oscuridad y el silencio es otra manera de ocultar que estoy en llamas, de cedérselo a mis fronteras para no carbonizarme.
palabras que van de un lado a otro, signos que parecen intercambiarse su valor, recuerdos y ensoñaciones que hacen traslapar los tiempos, fundiéndose todo en la arena del desconcierto.


no quiero más nimias distracciones: empezaré a pertenecerme.


15.7.13

cientoveintiséis y con la lluvia en ambos lados de la ventana, todavía. [anotación de bitácora.]

dicen que uno debería escribir cuando lo necesita sobre la superficie más cercana y asequible, no importa lo rústico, incómodo o tramposo del medio. aunque el romanticismo del papel y la tinta es habitual para mis anotaciones esporádicas, y aunque los teclados electrónicos hagan parte de mi presente epistolar [bendita sea la internet], nunca había consignado algo digital a modo de bitácora en uno de esos celulares que hoy en día ya hacen parte del paisaje occidental.

el encabezado cuenta los días que lleva eso escrito detrás del vidrio interactivo, cientoveintiséis noches donde ya el sentimiento no es el mismo, ni la intención al leerlo siquiera, ni la emotividad o proximidad que la sensación espiritual me evocaba [y que tal vez, sólo tal vez, me llamó a escribirlo].

publico aquí uno mis anacronismos. [ojalá no sea esta una falsa tranquilidad].


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11 mar 2:54

esta es mi primera anotación electrónica a modo de bitácora. a las dos de la mañana es mucho lo que se quiere decir en mitad de la tormenta del silencio.
[hay cierta textura en el aire que me corta con su agudeza]

tengo en mi poder un libro que traje porque lo pedí prestado a mi mejor amiga, es de Cioran, editado el año en que nací y con anotaciones en lápiz en los bordes... siento que, en este estado de irreflexión y estatismo, seguirlo abriendo me destruirá. ese libro-catarsis contiene el infierno adentro, dice que "el saber es una plaga" y que no poder escapar a la reflexión es torturante. pero no da luces para sanar el intelecto, bañar la grima, respirar por sobre el pantano... es una cloaca nauseabunda donde veo mi propio reflejo contradictorio, verborréico y frágil.

¿qué es esta extraña melancolía que me rasga a esta hora?

[ni siquiera sé si quiero dormir. Cioran dice que el insomnio es el infierno, que en el paraíso a nadie le niegan la bendición del descanso. tal vez yo mismo me eche a arder.]


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a quién engaño... volverlo a leer me remite a esa noche que es como esta noche. tal vez me sugestioné al transcribirlo y repasar cada letra como si fuera un corte en la carne, pero la esencia de este momento es la total incomprensión de mi estado mental.

no sé cómo enlazarme al presente. parezco inexpresivo e incluso, insensible en medio de tanta sensiblería. llego a mentirme.

¿cómo destruir una armadura?


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[nadie a quien cantarle esto:]


.

18.5.13

nostalgia, no... nada de eso.

él recuerda esos años desvanecidos.

es como mirar a través de un vidrio sucio,
el pasado es algo que puede ver mas no tocar.

y todo lo que ve es borroso e ilegible.







-+-


mis pesares confesaré a los muros,
a los muros mis pesares
confesaré
[cuando en ellos confíe lo suficiente.]



7.4.13

Resonancia de la Ruina - Los habitantes de La Casa del Diablo [Teaser Documental]




Teaser documental - Documentary teaser
Más info: loboronco.com

SINOPSIS:
En medio de un espeso bosque en Bucaramanga (Colombia), se erige La Casa del Diablo, una estructura en ruinas comida por la maleza, el saqueo y el tiempo. A través de las historias de Fercho (55), ‘El Hippie’ (33), ‘El Diablo’ (26) y ‘El Gomelo’ (21), unos de sus habitantes, este es el íntimo retrato de su ocupación. Pasando del libre albedrío a la perentoreidad del momento presente, de la vida en el entorno de la calle a la mirada particular sobre lo humano y lo divino, los ocupantes han reconstruido este espacio a partir de su habitar y de su convivencia.

Ha llegado la noticia de una eventual demolición. La incertidumbre por otro espacio para habitar resuena en el aire de La Casa, inunda poco a poco el vacío entre las paredes y provoca en los habitantes la necesidad de desplazarse. ¿Existe algo más allá de la ruina?

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SYNOPSIS:
Amidst some thick woods in Bucaramanga (Colombia), raises a derelict structure consumed by brush, looting and time, known as La Casa del Diablo (The Devil’s House). Through the stories of Fercho (55), ‘El Hippie’ (33), ‘El Diablo’ (26) and ‘El Gomelo’ (21), some of its dwellers, this is the intimate portrait of their squatting. From freewill to decisiveness of the present time, from life in the streets to the particular vision on the humane and the divine, the squatters have built a place for their own by their housing and their fellowship.

The news of a tearing down have arrived. The uncertainty for another place to live in resounds in the air of La Casa, floods little by little the void in between walls and forces the squatters to go away. Is there something beyond the wreck?

UNA PRODUCCIÓN DE / PRODUCTION Lobo Ronco Media
DIRECCIÓN Y FOTOGRAFÍA / DIRECTOR & DP Iván Reina Ortiz
PRODUCCIÓN EJECUTIVA / EXECUTIVE PRODUCER Juan Felipe Ríos
DISEÑO SONORO / SOUND DESIGN Lucas Niño
ASIST. DE DIRECCIÓN / AD Sara Bautista Espinel
INVESTIGACIÓN / RESEARCH Iván Reina Ortiz / Emerson Buitrago

GÉNERO/ GENRE: Documental
DURACIÓN / RUNNING TIME: 80 min.
FORMATO / FORMAT: FullHD 1080p/24
PAÍS / COUNTRY: Colombia
AÑO / YEAR: 2013-2014

17.1.13

pequeña noche en llamas. [notas de campo]


en medio de mi investigación preliminar para la película documental "diligencia de la ruina - los habitantes de La Casa del Diablo", en Bucaramanga [Colombia], tomo apuntes para guardar la información en campo... termino redactándolos y dándome cuenta de que ahora se me da mejor relatar los hechos reales que ficcionalizar eventos. [ya volverán las épocas de los cuentos y lo irreal].

esto se escribió el mismo día que relata, a las 10:30 de la noche. todos los nombres y apodos están cambiados por discreción, exceptuando "El Diablo", que es meollo.




 ***


NOTAS DE CAMPO
Día 17-2
Miércoles 16 de enero de 2013
Noche


Llegué tipo 7:30, El Diablo dijo que me esperaría por la “che-no”. Sin embargo, al llegar sólo estaban Don Javier* [El Barba] y la perra Wendy en el tercer piso. Saludé y El Barba me dijo que El Diablo no estaba, que el Soye* tampoco, que si quería esperarlos yo “ya conocía el terreno”. Me preguntó si quería subir, y acepté. Me dijo de entrada que lo disculpara, que estaba consumiendo, que para él no era problema la compañía pero que igual le daba pena fumar frente a otra persona, más si no la conoce casi. Le dije que por mí no habría problema, que antes me disculpara a mí, y así todo muy cordial. Subí, por la escalera caída y muy poca luz, atléticamente.
            Arriba me adapté a la oscuridad, aunque El Barba tenía una vela a medio consumirse. Estaba armando su dosis de “calillo”, un cigarrillo que tiene tabaco, marihuana y bicha [bazuco]; él le dice “mi tabaquito”. Charlamos tranquilamente un buen rato, me dijo que antes de mi llegada había estado pensando en toda su vida, en sus experiencias, reflexionando entre risas pequeñas. Me dijo que su hijo se llamaba como él, aquel que no ve hace quince años y que vive en Arauca; que no le gusta que lo vean consumir porque una vez tuvo un patrón “por el norte [de Bucaramanga]” y él se le escapaba para ir a “la [Calle] 4ª” a comprar drogas. El patrón lo descubrió y le ofreció seguir en el trabajo, consumiendo en el segundo piso del local, para que no tuviera que escaparse más. Él aceptó por un tiempo, pero terminó quedándose permanentemente en la 4ª, fiel a su pensamiento de que no le gusta que le ayuden, que se metan con él; dice que él puede salir adelante solo, controlarse, meditar sobre sí mismo y a su acomodo [entre otras cosas, me contó el otro día que se le escondía a la familia que lo buscaba, que no quería que lo ayudaran porque él sabía qué hacer]. Me dijo también que para Semana Santa, en mi próxima visita, él tal vez no estaría, porque le interesaba internarse para rehabilitación, pronto y por su cuenta.
            Me contó también de sus perros anteriores, en especial uno llamado “Tyson”, quien según él lo salvó de que lo cogiera una vez la Policía. Me contó que como él quedó en libertad condicional la segunda vez que estuvo preso [por posesión de drogas], la Policía en la 4ª lo podría encarcelar de nuevo si lo veía en malos pasos. Una vez recibió a un policía en donde se estaba quedando y gracias al perro logró escapar; aunque me lo contó con detalles, entendí poco su procedimiento, sólo que al final logró salir caminando por la puerta principal. Tyson luego quedaría abandonado al él no poder cargarlo en una de sus huídas forzadas porque se había metido en líos en algún lugar.
            Me dijo que le gustaba contar sus historias, repitiendo constantemente la frase determinante: “Esa es la verdad”, y sólo una vez, “Esa es la realidad que nos tocó”. Le dije que me encantaba oírlo. También me contó que a él le gustaba conservar su dosis para él mismo, que no era bueno compartir porque la gente se podía acostumbrar y eso luego daba para problemas, que “cada cual se controla a sí mismo” y que a él no le gustaba la figura de sabio o de padrino [palabras no textuales].
            Al rato llegó Andrés*, el que vive en la primera casa. Llegó también a consumir, traía su pipa, su bicha y cigarrillos comunes; también un velón que encendió, lo que ayudó para cuando la vela del Barba murió. Hablé con él también, me preguntó por la película, le dije que en un año. Pregunté por su edad y pasado, me dijo que había cumplido los 28 en su casa en el norte, con su familia. No la vería más luego porque le “quedó gustando” el mundo de la droga; llegó a La Casa del Diablo hace cerca de un mes, “yo soy nuevo”, dijo. “El Soye me dejó quedar acá, me dijo que limpiara mi cuarto, porque eso era un cagadero”.
Mientras el Barba se acababa su calillo, Andrés prendía un cigarrillo común, recolectando la ceniza sobre un papelito blanco. Le abrió huecos al aluminio que estaba en la boca de la pipa, recubriendo su interior. Echó la ceniza de cigarrillo adentro y empezó a asentarla hacia el fondo, con cierto cuidado. En otro papelito blanco estaba el polvo blanco, el bazuco. Puso un poco en la cima de la ceniza y vertió el fuego, aspirando. Un par de soplos más, humo blanco. “Mi traba es de achante [“avergonzamiento,  timidez espontánea”], yo en nada [“en poco”] me voy porque me empiezo a sentir mal”. Al rato de iniciarlo, se empezó a notar la traba, decía que estaba apenado, que hasta ahí dejaría. Repetía cada rato la frase “Pues sí señores…”, con cierta desidia en el aire.
Eso que él fuma se llama “carro” o simplemente “pipa”; a consumirla, se refieren con “prender el carro” o “el automóvil”, “echarse un carrazo”, “echarse un pipazo”; al que lo consume, “bazuquero”, “carramán”.
Le pedí al Barba un cigarrillo común, fumándolo me diría que tenía “bareta” [marihuana]. Me ofreció un porro y le dije que se lo aceptaba pero que no sabía armarlo, entonces él lo hizo por mí. Me lo dio y me dijo que él no solía compartir, pero que a veces lo hacía cuando la gente “se lo ganaba”. Riéndome le pregunté si yo me lo había ganado, y me dijo “la sola compañía fue suficiente”.[1]
Cuando se iba acabando la vela del Barba, recordaría el bombillo pequeño que ayer encontró en el reciclaje y decidió encenderlo, ayudado por la batería para moto que también llegó ayer. En realidad no duró mucho, la batería tenía poca carga.
El Soye llegaría luego con una bolsa enorme de reciclaje, trajo más velas y prendió su propio carro. Me saludó muy amable, se sentó y se descamisó [él siempre anda sin camisa dentro de La Casa]. Diría luego “no me supo a nada… me robaron…”. En un punto vi que se habló con Gustavo atravesando una pretil tapado por una persiana. Me asomé para ver si era un balcón y me di cuenta de que no, que es caída al vacío pero el piso tiene un pequeño volado sobre el cual El Soye se para a hablar con los de la ventana contigua. Apenas me vio, me dijo que me devolviera, así que pensé que la había cagado, que había irrespetado algo. Me senté y esperé; escuché la voz de Gustavo y dijo luego, tan alto para que yo escuchara: “yo quiero hablar con Iván, aunque se esté escondiendo de mí”. Me reí y le dije igual de alto que estaba dispuesto a escucharlo, así que me pidió que lo esperara. Cuando llegó al rato, me preguntó que qué más, me vio a la cara y pronto me preguntó: “¿Por qué tiene los ojos tan rojos?” Le conté del porro que me había fumado e hizo una cara de desaliento. Preguntó a nadie en especial “¿Ya están endiablando a Iván?”, y los otros se rieron; El Barba le dijo, “No, yo ya lo he visto fumar” y yo asentí. Gustavo se quedó unos segundos más pero dijo “Se me quedó algo” y salió por la ventana-pasadizo. Nunca volvió.[2]
En mi traba, cualquier ruido en los primeros pisos o fuera de la casa me causaba un pánico sosegado. Llegué hasta a imaginar a la limpieza social llegando a La Casa, a fantasmas, incluso, a “cazavampiros” (¿?). Salí varias veces al balcón donde se suele “relajar” El Soye, sólo para ver con mis ojos la entrada al lugar y asegurarme de que nadie extraño merodeara por ahí. Llegué a imaginarme muchas cosas relacionadas con el documental, como planos, momentos específicos, metáforas, alegorías… hasta llegué a pensar que me criticarían por drogarme con ellos, y que yo decía en una rueda de prensa: “Pues yo pienso que si se puede tener buen sexo estando borracho, se puede hacer buen cine estando drogado… creo que por eso no me fue tan mal”, y me reí mucho para mí mismo. [En realidad bluffeo, no sé qué tan bueno sea el sexo estando borracho].
En un momento, observé cómo El Soye miraba a su alrededor como buscando la fuente de un sonido que se le hizo extraño, o una presencia. Buscó en varias direcciones mientras el gesto era de expectativa, extrañeza y molestia, también de alerta y disposición de ataque. No vio nada en especial, y siguió fumando.
Andrés preguntó: “¿Nos va a filmar paniqueados [“con pánico”]?”, y no recuerdo qué respondí, pero sí sería lo ideal. En un punto, El Soye se refirió a Wendy como “mi amor”. El Barba me mostró sus pliegos de papel seda, el papel ideal para armar sus porros; me contó que como es tan aficionado a los negocios, en la 4ª vendía de 100 a 150 pliegos semanales. [Me asombré, pensé “¡es mucha droga!”]. Llegaría de nuevo, el “Pues sí señores”, seguido de “Esa es la verdad”. Por momentos parecía una arenga, luego una obra de teatro, luego una letanía. Yo pensaba y analizaba mucho. Diría con mi boca el “Pues sí señores” y Andrés me preguntó “Ah, ¿usted me está analizando y toda la vuelta?”, y nos reímos. Con Andrés debatimos en un momento sobre la droga, pues me preguntó si consumía pipa. Le dije que no, que no la probaba aún porque me daba miedo que me quedara gustando. Me entendió, supo de lo que hablaba. Le dije “drogarse no está mal… es un acto de libertad. Lo más paila es que a uno lo agarre”, y esta vez el Barba hizo un sonido de aprobación, ya prendiendo el sexto o séptimo “tabaquito”.
Vi que eran casi las 10 y me despedí. Al Barba, que estaba frente a Andrés [a quien no conozco mucho ni me fío aún] le dije un adiós como si no volviera en mucho tiempo, y al Soye sí le dije, porque estaba en otro cuarto en ese momento, que mañana pasaría temprano a tomarles unos retratos. Accedió y me fui. El mayor suplicio: bajar la escalera caída, con muy poca luz, un abismo bajo los pies, el ruido ensordecedor del bosque. Se pudo y en el camino a casa de mi abuela, pensé en que la noche en La Casa del Diablo es una metáfora de mi visión del infierno: “El infierno es que tengas que repetir un mismo dolor”; ahora mismo pienso: “el infierno también repite placeres… de los más oscuros.”


a tener en cuenta para la noche:
·         muy baja luz, 1 o 2 velas.
·         ruido de bosque aumenta considerablemente.
·       se podría grabar entrevistas espontáneas, conversaciones. la elocuencia es algo usual durante el consumo, les gusta hablar de su vida, no tienen problema en abrirse y ser escuchados.




[1] Alegría extrema del investigador; indescriptible.
[2] No sé si aquí habría una fisura. ¿Se habrá decepcionado de mí, habré hecho algo que a él le parece que está mal? Tal vez, ¿no quiere que yo caiga en la droga como él lo hizo? Lo digo más por su gesto cuando le conté, que por no haber vuelto.

25.11.12

Cecilita, o la risa de la vida.





nunca creí que Cecilita me fuera a marcar tanto, y por eso recibir la noticia de su deceso me recuerda la risa misma de la vida. la conocí como conocí a todas las señoras que moran en ese hogar geriátrico con mi abuela Sofía, saludándolas a la llegada, a la salida, y de vez en cuando en algún entre tiempo cuando me decidiera a dar vueltas por la casa sin saber qué encontrar.

     con Cecilita todo fue mágico desde el inicio [y no soy el único que lo dice]: sentada siempre en un extremo del sofá frente al televisor de la sala, con una joroba muy tierna y una mirada perdida, dejaba las horas pasar con pasmos repentinos, gestos de sorpresa como los de una niña y la infaltable llevada del dorso de la mano a su frente, conmoviendo a todos los que la conocieron [a todos sin falta], pues solía acompañarlo todo con una delicada y espontánea [siempre igual de espontánea] risita, sin causa aparente y con cierta magia de permanencia; era una serie de sonidos tan extrañamente joviales en su rostro antiguo, que generaban no sólo un brillo específico en sus pequeños ojos, sino una cadena de risas a su alrededor de quienes se tomaban el turno de sentarse a su lado y consentirla en su dulzura.

    estas semanas, y ante las nuevas de mi madre sobre su decaimiento [ojos sin brillo, risa agotada, cansancio visible, estertores], me dije que concebiría su eventual partida como un mensaje trascendente: vivir riendo es ganarse la eternidad. y si conocerla y apreciarla en su pureza* no nos deja una lección sobre la felicidad a quienes compartimos un poco con ella alguna vez, Cecilita no habría cumplido la misión que ingenuamente comandaba en este rincón del universo.

     seguiré riendo, sabiendo que ella nunca parará.


*[porque en su estado de conciencia tan misterioso y nublado para mí, donde comunicarme con ella era simplemente cuestión de gestos y vivacidad, las palabras cobraban muy poca importancia.]

25.10.12

hablándose entre las nubes [chat transcrito]

“Tengo piedad de las estrellas,
Que brillan desde hace tanto,
Desde hace tanto tiempo…
Tengo piedad de ellas.

¿No habrá un cansancio
De las cosas,
De todas las cosas,
Como de las piernas o de un brazo?

Un cansancio de existir,
De ser,
Sólo de ser,
ser triste brillar o sonreír…

¿No habrá, en fin,
Para las cosas que son,
No la muerte, pero sí
Otra especie de fin,
una gran razón,
Alguna cosa así
Como un perdón?”
Fernando Pessoa

“Afuera el frío viento
el ocre del sol en el crepúsculo,
el azul de un solo tono en todo el cielo,
y tú lejos,
y tú lejos.”
Dario Jaramillo

"Cruzar
el lecho seco de un río."
Santoka

“Desnudo
Aquí, en el desorden de la pieza
entre los libros llenos de polvo
y los retratos de viejos,
entre el sí y el no de tantas sombras,
una columna de luz inmóvil
aquí, en este lugar
donde una noche te habías desnudado.”
Yannis Ritsos

“No tengo hogar
El otoño se vuelve inhóspito”
Santoka

“Me llamas
Y no respondo
Porque en silencio
Me hablas.”
- J. García M –

“Nada puedo hacer
Mi vida de contradicciones
Llevada por el viento”
Santoka

“Que el azar me lleve hasta tu orilla,
    ola o viento, que tome tu rumbo,
    que hasta ti llegue y te venza mi ternura.”
D. Jaramillo

 
    “Un silencio vestido de fango,
    el tartamudeo abatido del agua que gotea, el graznido del amor fugaz
    con una puta, hace dos años en septiembre; el hastío, esa lenta langosta
    que me niega el olvido; la sombra de la casa en la memoria, la mañana,
    un sueño que se agota, el árbol casi seco, el ruido de una llama.”
D. Jaramillo


 “Sentadito en la escalera
 esperando el porvenir
 y el porvenir nunca llega.”
  - A. Machado y Álvarez –

“Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
 y esperan que tú llegues
 como un animal manso
 a comer en su mano.
 Pero tú permaneces
 más allá de las horas,
 agazapado no se sabe dónde.

…Mañana! Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.”
Ángel González


“tendido
sobre la hierba ardida
te deseo”
J.M. Arango

“Secreto con silencio son los nidos
en que late una vida concentrada.
¿Si tal reserva ya no fuese nada?
No creo en los tesoros escondidos.
Soñar no basta:
además, hace falta que sepas
cómo ofrecer a tus sueños un lecho.”
- Adonis –

Tus pies, en blanco y negro. Tu mano.
La otra mano, una sombra.
 Las otras dos, 
heladas, 
vuelan a ellas, 
sobre páramos lunares.


tus pies sobre las baldosas,
corre la Luna desde el cuarto contiguo.
mis pies que piden abrazar los cristales de otra piel.


el mármol, frio
 la piel consciente del suelo y de la piel,
 allá, 
no demasiado lejos,
 tibia.
A la orilla del mar, arena gruesa entre los dedos.


El mar me ha consolado.
Esta rigidez de la ciudad me sostiene en la duda, me hace seguir su ritmo sin aún hallar cómo bailarlo.

Sé que tus pies pueden enseñar a los míos a danzar.


“Amor... ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
 lejana... No me des tus rosas frescas;
soy grave para rosas. Dame el mar...”
Dulce María Loynaz


“Más allá de tu nombre y de mi nombre,
qué será este esperar sin esperanza...”
Dulce María Loynaz

“Tras la máscara, tras las máscaras
de tus máscaras: tu cuerpo. Tu más exacto nombre.”
- JM Echeverry-


Hablaste de desnudez.
 De desnudez en tu alcoba.
Hay algo de especial cuando las ropas ruedan sobre la piel y caen y se apilan sin orden,
en el suelo,
un rato después que ya los pies descalzos se han tocado suavemente,
entonces, ahí, ahora sí vestidos porque la desnudez es el vestido del alma,
dos pieles vuelan una hacia la otra y se pierde el sentido.
Regresa por momentos: 
déjame verte reclama la mirada,
 pero ganan el tacto, el olor, y los sabores...

Cuando se empieza a oler a ti soy tú, 
y tú te llamas yo.

(“Sin él
 aquí
 sin él.
Su fuego susurrando.”

Cantaba Idea Vilariño)


Y se levanta entonces, 
apenas perceptible, 
un humus de los cuerpos;
 y aparece un brillo en cada parte de ellos.
 Es la desnudez de la desnudez,
es el alma
que fluye para poderse encontrar en la otra con la otra y sumar uno,
o cero
o infinito.
      
La imagen no deja de parecerme, aunque infinitesimalmente descriptible, abismalmente inefable. La matemática de los cuerpos se componen de una suma imposible, más bien, de una multiplicación de cuerpos y energías. Uno choca con el otro para convertirse en quince mil, en menos diez... efectivamente, en infinito.

Desnuda o no mi alma, la siento aquí presente, hablándote.

Espalda y torso.
océano y barca.
Barca y océano.
Brazos.
Impulsos.
Piernas que se elevan y pies que se apoyan en los hombros al alcance de los labios...
Manos que recorren colinas, planicies, abismos...
Cuerpos como números...
Un cero como círculo capaz de comprender en él cualquier otra figura.

Si cerramos los ojos un instante y dejamos ir las manos, 
ellas coincidirán en el espacio.
 hablándose entre las nubes.

Somos aves migratorias guiándonos por un magnetismo de carne y sangre, volamos hacia el sol, nos fundimos con la última luz y vemos los círculos ubicuamente: desde los ojos del otro, desde las uñas, los dedos, cada hueso, redondito, redondito.

Quisiera nadar en los dos lagos que callan tus párpados, quisiera nadar incluso cuando estos los callen, y así moverme a oscuras, sin frío, sin miedo.

“dolor de no ver juntos
lo que tú ves en sueños.”
P. Lastra

“Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como
 un pájaro del borde filoso de la noche.”
Alejandra Pizarnik

tomaré el riesgo.
me gusta que me vean.
que me veas.